La Misericordia

Yo soy el Salvador de mi rebaño y sé cuánto me cuesta la salvación de una sola alma; por tanto, estoy dispuesto a todo con tal de salvar a un alma. Esa alma me ha sido confiada por el Padre mío. Todas las almas me han sido confiadas, con el mandato de que salve un grandísimo número de ellas. Cuantas más logre arrancar a la muerte del espíritu, más gloria recibirá mi Padre.
Por tanto, lucho para liberarlas de todos sus enemigos, o sea, de su yo, del mundo, de la carne, del demonio, y de mis adversarios, que me las disputan para producirme dolor. Yo hago esto porque conozco el pensamiento del Padre mío. Y el, Padre mío me ha enviado a hacer esto porque conoce mi amor por Él y por las almas. También las ovejas de mi rebaño me conocen a mí y conocen mi amor, y sienten que estoy dispuesto a dar mi vida para darles la alegría.

La Samaritana

-JS: La paz sea contigo, mujer. ¿Me das de beber? He andado mucho y tengo sed.

¿Pero no eres judío? ¿Me pides de beber a mí, que soy samaritana? ¿Qué ha sucedido? ¿Hemos sido rehabilitados, o es que vosotros estáis disgregados? Sin duda algo grande ha sucedido, cuando un judío habla amablemente con una samaritana. De todas formas, debería responderte: “No te doy nada, para castigar en ti todas las injurias que los judíos desde hace siglos nos infligen”.

-JS: Así es: un gran acontecimiento. Como consecuencia, muchas cosas han cambiado, y más aún van a cambiar. Dios ha otorgado un gran don al mundo y por él muchas cosas han cambiado. Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, quizás tú misma le pedirías de beber y Él te daría agua viva.

El agua viva está en las venas de la tierra. Este pozo la tiene… pero es nuestro – La mujer se muestra burlona y arrogante.

-JS: El agua es de Dios, como también es de Dios la bondad, y la vida misma. Todo es de un único Dios, mujer. Y todos los hombres vienen de Dios: tanto los samaritanos como los judíos. ¿No es éste el pozo de Jacob? ¿Jacob no es cabeza de nuestra estirpe? Si luego un error nos ha dividido, ello no cambia el origen.

¿Error nuestro, ¿verdad? – pregunta, agresiva, la mujer.

-JS: Ni nuestro ni vuestro. Error de alguien que había perdido de vista caridad y justicia. No te estoy ofendiendo, ni tampoco a tu raza ¿Por qué quieres tú mostrarte ofensiva?

Eres el primer judío al que oigo hablar así. Los otros… Pero, respecto al pozo, sí, es el de Jacob y tiene tanta agua y tan clara que los de Sicar la preferimos a las otras fuentes. De todas formas, es muy profundo, y no tienes ni ánfora ni odre; ¿cómo podrías sacar para mí agua viva? ¿Eres, acaso, más que Jacob, nuestro santo patriarca, que encontró esta abundante agua para él, para sus hijos y sus hatos de ganado, y que nos la dejó como don y recuerdo suyo?

-JS: Tú lo has dicho. Mira, quien bebe de esta agua seguirá teniendo sed; Yo, en cambio, tengo un agua que si uno la bebe no vuelve a sentir sed. Pero es sólo mía y la doy a quien me la pide. En verdad te digo que quien reciba esta agua que Yo le dé quedará saciado para siempre y no volverá a tener sed, porque mi agua se hará en él manantial seguro, eterno.

¿Cómo? No entiendo. ¿Eres un mago? ¿Cómo puede un hombre transformarse en un pozo? El camello bebe y se aprovisiona de agua en su voluminoso vientre, pero luego la consume y no le dura toda la vida. ¿Y Tú dices que tu agua dura toda la vida?

-JS: Más que eso: saltará hasta la vida eterna. Fluirá hasta la vida eterna en quien la beba, y producirá semillas de vida eterna, porque es surtidor de salud.

Dame de esa agua si es verdad que la posees. Me canso viniendo hasta aquí. La tendré y no volveré a sentir sed, y no enfermaré jamás ni me haré vieja.

-JS: ¿Sólo de eso te cansas?, ¿de nada más? ¿Sólo sientes necesidad de sacar agua para beber, para tu pobre cuerpo?
Reflexiona. Hay algo que vale más que el cuerpo: el alma. Jacob no dio a los suyos y a sí mismo sólo el agua de la tierra, sino que se preocupó de darse, y de dar, la santidad, el agua de Dios.

Vosotros nos llamáis paganos. Si eso es verdad, no podemos ser santos…
La mujer ha perdido su tono petulante e irónico y ahora se muestra sumisa y ligeramente confundida.

-JS: Un pagano puede también ser virtuoso. Dios, que es justo, le premiará el bien realizado. No será un premio completo, pero sí te digo que entre un fiel en culpa grave y un pagano sin culpa Dios mira con menos rigor al pagano. ¿Y por qué, si sabéis que lo sois, no vais al verdadero Dios? ¿Cómo te llamas?

Fotinai.

-JS: Pues, respóndeme, Fotinai: ¿Te duele el no poder aspirar a la santidad por el hecho de ser pagana – como tú dices -, por vivir – como digo Yo – en la ofuscación de un antiguo error?

Me aflige.

-JS: ¿Y entonces, ¿por qué no vives, al menos, como una virtuosa pagana?

¡Señor! …

-JS: Sí. ¿Puedes, acaso, negarlo? Ve a llamar a tu marido y vuelve aquí con él.

No tengo marido…
La confusión de la mujer crece.

-JS: Tú lo has dicho: no tienes marido. Has tenido cinco hombres y ahora tienes contigo otro que tampoco es marido tuyo.
¿Era necesario esto? También tu religión desaconseja la impudicia. También tenéis vosotros el Decálogo. ¿Por qué vives así, Fotinai? ¿No te sientes cansada de este esfuerzo de ser la carne de tantos, en vez de la honesta esposa de uno solo? ¿No tienes miedo de cuando decline tu vida, de cuando te encuentres sola con tus recuerdos, con la amargura de lo pasado, con tus temores? Sí, también con tu miedo, tu miedo a Dios y a los espectros. ¿Dónde están tus hijos?.

La mujer baja del todo la cabeza y calla.

-JS: No los tienes aquí en la Tierra. Sin embargo, sus almitas, a las que has impedido conocer el día de la luz, te acusan; siempre. Joyas… bonitos vestidos… casa rica… una mesa bien surtida… Sí, pero vacío y lágrimas y miseria interior. En realidad eres una desvalida, Fotinai; sólo con un arrepentimiento sincero, a través del perdón de Dios – y como consecuencia, el de tus hijos – puedes volver a ser rica.

Señor, veo que eres profeta. Me avergüenzo…

-JS: ¿Ante el Padre que está en los Cielos no sentías vergüenza cuando hacías el mal? Pero… no llores de humillación ante el Hombre… Ven aquí, Fotinai, junto a mí. Yo te hablaré de Dios. Quizás no lo conocías bien y por eso… sí, por eso has cometido tantos errores; si hubieras conocido bien al verdadero Dios, no te habrías rebajado de este modo, Él te habría hablado y sostenido…

Señor, nuestros padres adoraron en este monte. Vosotros decís que sólo en Jerusalén se puede adorar. Pero, como Tú dices, Dios es sólo uno. Ayúdame a ver dónde y cómo debo hacerlo…

-JS: Mujer, créeme, está llegando la hora en que ni en el monte de Samaria ni en Jerusalén será adorado el Padre. Vosotros adoráis a quien no conocéis, nosotros a quien conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Recuerda a los Profetas. Pero llega la hora – es ésta – en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; no ya con el rito antiguo sino con el nuevo, exento de sacrificios y hostias de animales consumidos por el fuego: el rito del sacrificio eterno de la Hostia inmaculada consumida por el Fuego de la Caridad: culto espiritual del Reino espiritual, que será comprendido por aquellos que sepan adorar en espíritu y en verdad. Dios es Espíritu y debe ser adorado espiritualmente.

Dices santas palabras. Yo sé – también nosotros sabemos alguna cosa – que el Mesías va a llegar pronto; el Mesías, llamado también “el Cristo”. Cuando venga nos enseñará todo. Aquí cerca está el que dicen que es su Precursor; muchos van a él a oírle. Pero es muy severo. Tú eres bueno. Las almas menesterosas no sienten miedo de ti. Yo creo que el Cristo será bueno. Lo llaman Rey de la paz… ¿Tardará mucho en venir?

-JS: Te he dicho que su tiempo es éste.

¿Cómo lo sabes? ¿Eres discípulo suyo? El Precursor tiene muchos discípulos; también los tendrá el Cristo.

-JS: Soy Yo, el que te está hablando, el Cristo Jesús.

¡Tú!… ¡Oh!…
La mujer, que se había sentado junto a Jesús, se levanta y hace ademán de huir.

JS: ¿Por qué quieres huir, mujer?

Porque me da horror estar a tu lado. Tú eres santo…

-JS: Soy el Salvador. He venido aquí – y no era necesario – porque sabía que tu alma estaba cansada de vagar. Ya te produce náuseas tu alimento… He venido a darte uno nuevo, que te quitará las náuseas y la hartura… Allí vuelven mis discípulos, con mi pan, pero el solo hecho de haberte dado estas migas iniciales de tu redención ya me ha alimentado.


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