Amor a Dios y al Prójimo

Jesús ha subido encima de una caja que está colocada contra una pared. Todos, por tanto, lo pueden ver bien. Ya se ha esparcido por el aire su dulce saludo, seguido luego por las palabras: «Hijos de un único Creador, escuchad», para proseguir, en el atento silencio de la gente.

Sabiduría es desear tener a Dios, amar a Dios, cultivar el espíritu, tender al Reino de Dios repudiando todo lo que es carne, mundo y Satanás. Sabiduría es obedecer a la ley de Dios, que es ley de caridad, de obediencia, de continencia, de honestidad.

Sabiduría es amar a Dios con todo el propio ser, amar al prójimo como a nosotros mismos. Estos son los dos elementos indispensables para ser sabios con la Sabiduría de Dios. Y en el prójimo están incluidos no sólo los que tienen nuestra misma sangre o raza o religión, sino todos los hombres, ricos o pobres, sabios o ignorantes, de todo tiempo y lugar.

Sí. Esto es el amor. Yo no soy un maestro servil. Digo la verdad porque debo hacerlo así para sembrar en vosotros lo necesario para la Vida eterna. Os guste o no, tengo que decíroslo, para cumplir mi deber de Redentor; os toca a vosotros cumplir con el vuestro de personas necesitadas de Redención.

Amar al prójimo, pues. Todo el prójimo. Con un amor santo. No amarlo con deshonesto concubinato de intereses, de forma que es “anatema” el romano, fenicio o prosélito – o viceversa -, mientras no hay de por medio sensualidad o dinero; y luego, si surgen en vosotros el deseo carnal o de la ganancia, ya no es “anatema”.

Se oye el rumor de la gente. Los romanos, por su parte, en su sitio en el atrio, exclaman: «¡Por Júpiter! ¡Habla bien éste!». Jesús deja que se calme el rumor y prosigue:

Amar al prójimo como querríamos ser amados nosotros. Porque no nos agrada ser maltratados, vejados, o que nos roben o subyuguen, ni ser calumniados o que nos traten groseramente. La misma susceptibilidad, nacional o individual, tienen los demás. No nos hagamos, pues, recíprocamente, el mal que no quisiéramos recibir nosotros. Sabiduría es prestar obediencia a los diez preceptos de Dios:

Yo soy el Señor tu Dios. No tengas otro Dios aparte de mí. No tengas ídolos, no les rindas culto.

No tomes el Nombre de Dios en vano. Es el Nombre del Señor tu Dios, y Dios castigará a quien lo use sin razón o por imprecación o para convalidar un pecado.

Acuérdate de santificar las fiestas. El sábado está consagrado al Señor, que descansó en sábado de la Creación y le ha bendecido y santificado.

Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas en paz largamente sobre la tierra y eternamente en el Cielo.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No hablarás con falsedad contra tu prójimo.

No desearás la casa, la mujer, el siervo, la sierva, el buey, el asno, ni nada que pertenezca a tu prójimo.

Ésta es la Sabiduría. Quien esto hace es sabio y conquista la Vida y el Reino que no tienen fin. Desde hoy, pues, proponeos vivir según la Sabiduría, anteponiéndola a las pobres cosas de la tierra.

¿Qué decís? Hablad. ¿Decís que es tarde? No. Escuchad una parábola.

Un amo de una viña, al amanecer de un día, salió para contratar obreros para su viña, y ajustó con ellos un denario al día.

Salió de nuevo a la hora tercera, y, pensando que eran pocos los jornaleros contratados, viendo en la plaza a otros desocupados en espera de que los contratara, los tomó y dijo: “Id a mi viña, que os daré lo que he prometido a los otros“. Y éstos fueron.

Habiendo salido a la hora sexta y a la hora nona, vio todavía a otros y les dijo: “¿Queréis trabajar para mí? Doy un denario al día a mis jornaleros“.

Aceptaron y fueron.

Salió, en fin, a la hora undécima. Vio a otros, que, ya declinando el sol, estaban inactivos: “¿Qué hacéis aquí, tan ociosos? No os da vergüenza estar sin hacer nada todo el día?“, les preguntó.

Nadie nos ha contratado. Hubiéramos querido trabajar y ganarnos el pan. Pero nadie nos ha llamado a su viña“.

Bien, pues yo os llamo a mi viña. Id y recibiréis el salario de los demás“. Eso dijo porque era un buen patrón y sentía piedad del abatimiento de su prójimo.

Llegada la noche, terminados los trabajos, el hombre llamó a su administrador, y dijo: “Llama a los jornaleros y paga su salario, según lo que he fijado, empezando por los últimos, que son los más necesitados, porque no han tenido durante el día el alimento que los otros una o varias veces han tenido, y, además, son los que, agradeciendo mi piedad, más han trabajado; los he observado; licéncialos, que vayan a su merecido descanso y gocen con su familia de los frutos de su trabajo“.

Y el administrador hizo como el patrón le ordenaba, y dio a cada uno un denario.
Habiendo llegado al final aquellos que llevaban trabajando desde la primera hora del día, se asombraron al recibir también un solo denario, y manifestaron sus quejas entre sí y ante el administrador, el cual dijo: “He recibido esta orden. Id a quejaros al patrón, no vengáis a quejaros a mí“.

Y fueron y dijeron: “¡No eres justo! Hemos trabajado doce horas, primero en medio del aguazo, luego bajo el sol de fuego, y luego otra vez con la humedad del anochecer, ¡y tú nos has dado lo mismo que a esos haraganes que han trabajado sólo una hora!… ¿Por qué?“. Y especialmente uno de ellos levantaba la voz juzgándose traicionado y explotado indignamente.

Amigo, ¿y en qué te he perjudicado? ¿Qué he pactado contigo al alba? Una jornada de continuo trabajo y, como salario, un denario. ¿No es verdad?“.

Sí. Es verdad. Pero tú has dado lo mismo a ésos, por mucho menos trabajo…”.

¿Has aceptado este salario porque te parecía bueno?

Sí. He aceptado porque los otros daban incluso menos“.

¿Te he maltratado aquí?

No, en conciencia no“.

Te he concedido reposo a lo largo de la jornada, y comida, ¿no es verdad? Te he dado tres comidas. Y la comida y el descanso no habían sido pactados. ¿No es verdad?“.

Sí, no estaban acordados.”

Entonces, ¿por qué los has aceptado?

Hombre, pues… Tú dijiste: `Prefiero así, para evitar que os canséis volviendo a vuestras casas’. No dábamos crédito a nuestros oídos… Tu comida era buena, era un ahorro, era…”.

Era una gracia que os daba gratuitamente y que ninguno podía pretender. ¿No es verdad?“.

Es verdad.”

Por tanto, os he favorecido. ¿Por qué os quejáis entonces? Debería quejarme yo de vosotros, que, habiendo comprendido que tratabais con un patrón bueno, trabajabais perezosamente, mientras que éstos, que han llegado después de vosotros, habiendo gozado del beneficio de una sola comida – y los últimos de ninguna -, han trabajado con más ahínco, haciendo en menos tiempo el mismo trabajo que habéis hecho vosotros en doce horas.

Os habría traicionado si os hubiera reducido a la mitad el salario para pagar también a éstos.

No así. Por tanto, coge lo tuyo y vete. ¿Pretendes venir a imponerme en mi casa lo que a ti te parece? Hago lo que quiero y lo que es justo. No quieras ser malo y tentarme a la injusticia. Yo soy bueno“.

¡Oh, vosotros todos, que me escucháis! En verdad os digo que el Padre Dios propone a todos los hombres el mismo pacto y les promete la misma retribución. Al que con diligencia se pone a servir al Señor, Él lo tratará con justicia, aunque fuere poco su trabajo debido a la muerte cercana.

En verdad os digo que no siempre los primeros serán los primeros en el Reino de los Cielos, y que allí veremos a últimos ser primeros y a primeros ser últimos. Allí veremos a hombres no pertenecientes a Israel más santos que muchos de Israel.

He venido a llamar a todos, en nombre de Dios. Pero, si muchos son los llamados, pocos son los elegidos, porque pocos desean la Sabiduría. No es sabio el que vive del mundo y de la carne y no de Dios. No es sabio ni para la tierra ni para el Cielo: en la tierra se crea enemigos, castigos, remordimientos, y pierde el Cielo para siempre.

Sed buenos con el prójimo, quienquiera que sea. Sed obedientes, dejando a Dios la tarea de castigar a quien manda injustamente. Sed continentes sabiendo resistir a la sensualidad; honrados, sabiendo resistir al oro; coherentes, calificando de anatema a aquello que se lo merece, y no cuando os parece y luego estrecháis contactos con el objeto que antes habíais maldecido como idea. No hagáis a los demás lo que no querríais para vosotros.


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