Testimonio Impresionante.

Fred Wolff, nació en 1956, en una familia judía de Nueva York. Su familia no era abiertamente religiosa. Sin embargo el niño asistió a la sinagoga local y la Escuela Hebrea, y luego hizo como se acostumbra su Bar Mitzvá.

Abandonó la práctica de su fe cuando tenía la edad de 16 años. Un año más tarde tuvo su primer contacto con lo oculto. Un amigo lo llevó a conocer a su prima. Resultó que esta prima dirigía una librería sobre Ocultismo en la ciudad natal de Wolff. Allí, los jóvenes se reunían con hombres que eran brujos; pronto él estaba siendo iniciado en la Wicca.

La vida de Wolff parecía normal. En 1977, se unió a la Fuerza Aérea y fue enviado a diferentes partes del país. Pero en otro nivel, su vida era cualquier cosa menos normal. Con estos cambios a diferentes lugares en la milicia, él pudo estar en contacto con grupos ocultistas presentes en los lugares a donde era enviado.

Un encuentro en particular resultó ser significativo. Wolff fue enviado a California. Un hombre se acercó a él. Mientras lo hacía, él notó que llevaba un estuche de cuero con un pentagrama sobre él.

El hombre, que era un satanista, invitó a Wolff a su primera Misa Negra. Esta se llevó a cabo en San Francisco y dejó el aviador traumatizado. Nunca había experimentado algo así antes, a pesar de las muchas ceremonias Wicca en las cuales había participado.

Lo que sí recuerda de esa “misa” era que el “jefe” celebrante de tal blasfemia era un sacerdote católico excomulgado.

Wolff recuerda claramente es que él estaba aterrorizado mientras asistía a ella. Pero, sin importar lo asustado que se sentía, parecía que había otro poder, aunque invisible, sosteniéndolo allí, impidiendo su salida.

Después de su baja de la fuerza aérea en 1981, Wolff regresó a la vida civil. También volvió a la práctica de sus costumbres paganas.

Pronto fue llamado por el Sumo Sacerdote de su secta local en Long Island. Y, así permaneció y lo hubiera seguido siendo si no hubiera reaparecido una figura de su pasado en el invierno de 1982.

Esa persona era una de las personas que había conocido en la librería de Ocultismo años atrás, y que, posteriormente, lo había introducido a la Wicca. Él vino con una curiosa petición. El hombre estaba convencido de que había encontrado el ritual y las invocaciones para evocar al demonio.

Preguntó a Wolff si quería participar en lo que estaba a punto de intentar. Más por curiosidad que otra cosa, Wolff estuvo de acuerdo; sin embargo, lo que iba a tener lugar cambiaría la vida de ambos hombres.

Un por así llamarlo “círculo de protección” fue marcado en el suelo. Su amigo le dijo que mientras permanecieran dentro de los confines del círculo estarían “seguros”.

Así, comenzó el canto de los largos encantamientos. Mientras continuaban el ritual, desde la oscura esquina de la habitación, una figura comenzó a aparecer. En cuanto entró en la luz, Wolff recuerda que era la mujer más hermosa que había visto, con una belleza que era cautivadora.

Le hizo una seña para que saliera del círculo. De alguna manera, motivado por el miedo más que por cualquier otra cosa, se las arregló para no moverse. Fue en cuestión de segundos que la figura cambió de hermosa mujer a la de una forma espantosa.

De hecho, ha dicho que era la cosa más horrible sobre la que él había puesto los ojos. Pero, para entonces, dice, el verdadero espectáculo había apenas empezado. Las mismas paredes alrededor de los dos hombres parecían fundirse. Y con eso, llegó el sofocante y más horrible olor; un olor sulfúrico.

Hoy en día, Wolff se da cuenta que se le estaba dando su propia visión del infierno. Ahora, dice que cuando escucha a la gente que dice que el infierno no existe, sabe que están equivocados; él lo ha visto, e incluso olido.

Con la llegada del Infierno, también había llegado uno de sus ocupantes, el demonio invocado, ahora hacía su entrada. La reacción al ver esta forma era de un miedo paralizante.

El demonio miró fijamente a los dos hombres y luego se rió de ellos, preguntando si pensaban que el círculo realmente los mantendría a salvo. Antes de que cualquier respuesta fuera pronunciada, el compañero de Wolff fue levantado del suelo y arrojado contra una pared adyacente de aproximadamente a 4 metros de distancia.

Wolff no pudo más y huyó horrorizado por la casa y se encerró en una habitación. Cuánto tiempo se escondió allí, todavía no tiene ni idea. Lo que sí sabe, en retrospectiva, es que si la mano del Todopoderoso no le hubiera protegido esa noche, está convencido de que ahora estaría muerto.

A su compañero no le fue tan bien. Cuando Wolff salió y regresó a la habitación donde había tenido lugar el ritual, lo encontró tendido en el suelo, echando espuma por la boca. La policía y una ambulancia no tardaron en asistirlo.

La policía no creyó la historia de Wolff que había encontrado a su amigo en este estado; pero no había pruebas evidentes de violencia o uso de drogas, así que la policía dejó que se fuera.

Su amigo fue llevado a una institución psiquiátrica en Long Island. Él murió allí por heridas auto infligidas, algunos años más tarde.

Finalmente Wolff percibió el peligro que corría, había visto demasiado. Quería salirse. Al día siguiente, les dijo a los otros miembros de la secta del deseo de salirse. Ellos comenzaron a amenazarlo; nadie iba a ninguna parte.

Pero de alguna manera, se las arregló para escapar de ellos y corrió a su coche aparcado fuera. Pero por mucho que lo intentó, el coche no arrancaba. Y cuando estaba sentado allí, intentando el encendido, de repente, del edificio del que apenas había huido, aparecieron dos “integrantes”. Por el espejo retrovisor, pudo ver que habían divisado su coche.

El observaba mientras parecían lanzar un hechizo sobre él y su vehículo. El momento siguiente todo lo que recuerda es que las ventanas de su coche explotaron.

Fue entonces cuando el coche encendió, y segundos más tarde, un aturdido Wolff salió a toda velocidad en la noche. Al día siguiente cuando fue a reparar las ventanillas del coche, los hombres que lo hacían le elogiaron por haber hecho un “buen trabajo”. El no entendía lo que significaba.

Así, que le explicaron que, obviamente, él había limpiado el interior del automóvil de todo el vidrio roto. Sólo que él no lo había hecho. Desde ese día, Wolff está seguro de que algo, o alguien, lo había protegido de la fuerza de la explosión de manera que la rotura de los vidrios había sido desviada lejos de él.

El piensa que esto sólo podría haber ocurrido a través de la protección de su ángel de la guarda.

En ese entonces en el lugar de trabajo de Wolff, había un cristiano que a menudo había tratado de hablar con él sobre el cristianismo. Wolff nunca se había interesado.

Y cuando se encontró con este hombre, le rogó que lo llevara a la iglesia. Días después, en una iglesia Bautista, para sorpresa de su compañero de trabajo Wolff aceptó a Nuestro Señor como su Salvador.

Como dirá más tarde, después de la noche de ese ritual infernal, sabía que necesitaba un salvador; y, quizás lo más importante, sabía de lo que estaba siendo salvado.

Los años que siguieron estuvieron lejos de ser fáciles. Se casó, pero el matrimonio se rompió; sufría de depresión. Su asistencia a la iglesia fue esporádica. No tenía la firme adhesión a cualquiera de los muchos grupos protestantes a los que asistió.

Había un tema constante en estos grupos. Era un miedo del catolicismo, a menudo vestido con argumentos en contra o comentarios negativos acerca de la Iglesia. Paradójicamente, estas polémicas tuvieron el efecto contrario en Wolff. Empezó a leer libros de autores como Scott Hahn, Patrick Madrid y otros apologistas católicos.

Cuanto más leía, más se formaba en su conciencia algo completamente diferente a la figura horrible de esa terrible noche, hace muchos años. Algo cuya belleza era cierta, porque era la esposa de Cristo, su Iglesia.

Ahora, por fin, en la Vigilia de Pascua en 2011, en una iglesia dedicada a la Virgen María, que aplasta la cabeza de la serpiente, Wolff asistió a una misa, y después de haber confesado todo, recibió la Santa Comunión, y, con ella la paz y la alegría que echa fuera todo temor.


Fuente: Foros de la Virgen



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