San Pío de Pietrelcina

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Nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia, bautizado como FRANCESCO FORGIONE, creció en una calle sinuosa, en una casa de un solo cuarto, con un implacable calor.

Sus padres eran simples, gente de agricultura, eran trabajadores incansables. Y se ganaban la vida labrando unas pocas hectáreas que estaban situadas a treinta minutos al pie de su aldea.

En su parcela, tenían una casa de piedra, donde se almacenaban las cosechas, y también allí dormían durante el tiempo de la cosecha. Llevaban una vida equilibrada, donde el trabajo duro y la observancia religiosa iban de la mano.

Los padres y los abuelos de Francesco no sabían leer, pero memorizaban la Sagrada Escritura. Y como parte de la vida cotidiana, decían las historias de la Biblia a los niños.

Su madre, conocida como Mamma Peppa, siempre fue descrita como muy suave, y había una gran calidez y ternura entre ella y su pequeño hijo, a quien había llamado como Francisco de Asís.

Cuando era un niño pequeño, sus familiares y vecinos de la aldea no lo señalaban por ser muy diferente. Pero décadas más tarde en su vida, San Pío, recordó cómo tuvo visiones de la Virgen cuando tenía meramente cinco años de edad.

El Francesco pensativo, alerta, y de ojos pequeños y brillantes, de cinco años de edad, creía que las visiones de la Madre de Dios eran algo normal en la infancia. Y no se creía extraordinario porque ella lo visitara en persona.

Cuando tenía alrededor de diez años de edad, se sintió atraído por los capuchinos, después de ver a un fraile joven, Fr. Camillo, que paseaba por Pietrelcina pidiendo limosna. Pío más tarde declararía, que ‘nadie podía quitarme mi deseo de ser un fraile barbudo’.

Sus padres recibieron la noticia de su vocación con alegría, pero la familia no tenía suficientes recursos.

En 1899, Grazio, el padre de San Pío, viajó en un barco con destino a Brasil, pero cuando llegó se encontró con que las oportunidades de empleo eran pocas, y que iba a tener que pedir dinero prestado para regresar a Italia.

Esto sin duda fue una decepción exasperante, pero impávido, Grazio hizo planes para emigrar de nuevo. Y esta vez cruzó el océano a los Estados Unidos, donde encontró trabajo en una granja en Pennsylvania donde se convirtió en supervisor de otros peones debido a su amplia experiencia en la agricultura.

En enero de 1903, Francesco estaba a punto de comenzar su noviciado, en el convento de los Capuchinos de Morcone.

Tenía sólo quince años, y encontró la experiencia de dejar a su madre muy dura, era como un ‘martirio interior’. Y más tarde dijo que sintió que sus huesos estaban siendo aplastados.

Al llegar al convento, la primera persona que encontró fue a Fr. Camillo que dijo ‘¡bravo!’ al verlo.

Después que estuvo allí dos semanas, tomó el hábito de la Orden de los Frailes Menores y tenía un cordón blanco atado a la cintura. Ya no era conocido como Francesco, sino que se le dio el nombre de Pío.

Como novicio, San Pío, adoptó el estilo de vida estricta de un fraile. Y era un novicio ejemplar por la forma humilde pero intachable de realizar penitencias, ayunos y los silencios impuestos.

Dos fenómenos místicos se asociaron con el Padre Pío durante su noviciado.

Un día, su maestro de novicios le dijo que no recibiría la Santa Comunión. Pio, según los informes, estuvo a punto de morir, porque no se le permitía recibir la Eucaristía. Y cuando el maestro de novicios cedió y le dio permiso, Pio revivió.

El segundo fue que testigos clave observaron que tenía ‘el don de las lágrimas’. Ellos encontrarían a Pio en la capilla, ante un crucifijo, llorando tan profusamente que un testigo dijo: ‘el suelo se tiñe’.

Finalmente, el largo año de su noviciado terminó, y en enero de 1904 emitió los votos temporales de pobreza, castidad y obediencia, que durarían tres años.

Después empezó sus estudios sacerdotales que duraron seis años, el panorama era duro ya que el gobierno había suprimido las órdenes religiosas en Italia y como resultado directo no había monasterio designado que proporcionara una educación de seminario completa.

En su lugar, Pío viajó hacia cinco comunidades diferentes. Después de tres años de itinerancia y solicitudes entre conventos, y a la edad de diecinueve años, Pío logró hacer su Profesión Solemne en enero de 1907, cuando se comprometió a vivir toda su vida imitando el ejemplo de San Francisco.

Los primeros tres años de estudio para el sacerdocio fueron exitosamente completados. Pero los tres últimos años fueron una época de graves problemas de salud.

En 1908, se le dio el diagnóstico de tuberculosis, y se le informó que sólo tenía unos pocos meses de vida, también fue golpeado con un punzante dolor de estómago y debilitantes episodios de vómitos, que tuvieron una gran mella en su fuerza.

Durante este período de enfermedad grave, Pio a menudo estaba tan convencido de que su muerte era inminente, que empezó a dudar si iba a ser ordenado. La regla era que un seminarista tenía que tener veinticuatro años antes de ser consagrado al sacerdocio.

En su caso se hará una excepción, y a la edad de veintitrés años, el 10 de agosto de 1910, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Paolo Schinosi en la Catedral de Benevento, y se convirtió en ‘Padre Pío’.

Su vida estuvo llena de milagros y hechos extraordinarios, algunos dones que fueron constatados fueron los siguientes:

Discernimiento: Tenía la capacidad de leer los corazones y las conciencias.

Lectura del alma: Le decía a los penitentes sus pecados antes que ellos los confesaran, esto le permitió hacer un extraordinario trabajo en las largas horas (hasta catorce) que dedicaba al sacramento de la confesión.

Estigmas: En su cuerpos se manifestaron las llagas de la pasión de Cristo, las cuales manaban alrededor de una taza de sangre diaria sin infectarse jamas y sin ninguna explicación medica posible, la medicina tampoco pudo nunca hacer que sanaran o desaparecieran las heridas.

Perfume: La sangre de sus estigmas olía a flores.

Curación: Curaciones milagrosas atribuidas a través del poder de la oración.

Profecía: Era capaz de anunciar eventos del futuro.

Bilocación: Era capaz de estar en dos lugares al mismo tiempo, es decir que mientras su cuerpo estaba en algún sitio especifico, Dios le permitía ir en espíritu a otros lugares distantes.

Y entre los múltiples hechos milagroso atribuidos a su persona, se mencionará a modo de ejemplo los tres siguientes:

La señora Cleonice, hija espiritual del Padre Pío declaró: – “Durante la segunda guerra  mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto.  Sus padres pensaban lo mismo.

Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario.  “Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que UD no me conteste”.

El Padre Pío simpatizó con ella  y teniendo piedad de sus lágrimas le dijo: “Levántese, y quédese tranquila”.  

“Días  después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre Pío. Yo dije fielmente: “voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián llevarán le llevarán la carta.

“El Padre Pío no contestó, yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para por la mañana siguiente entregarla al Padre Pío.  Para mi gran sorpresa,   asombro y miedo; la carta desapareció. Inmediatamente le dí gracias al Padre Pío y él me dijo: “Dé sus gracias a Nuestra Señora”. Casi quince días después nuestro sobrino contestó  la carta. Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío.”

Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo.

Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar  al Padre Pío y pedirle ayuda.  Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos, nada más!  

Algunos días después, al principio de la Séptima hora,  las cosas cambiaron. De hecho él  pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: “Ella  se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió.

Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío.

Él les contestó: “Ella  resucitará” y  fuè al altar para dar la Santa Misa. Cuando el  Padre Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas.

En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y  oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. “Ella resucitó”. De hecho el  Padre Pío no había dicho, “ella se recuperará” sino “ella resucitará”. Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: “Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz,  y de pronto regresé”.

Otro testigo afirma: “Mi madre vino de Foggia y era una de las primeras hijas espirituales del Padre Pío. Ella le había pedido al Padre Pío la conversión  y protección  de mi padre”; cuando en abril de 1945 lo iban a fusilar.

Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto viô al padre Pío delante de él  para protegerlo. El comandante del pelotón dió  la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema.

Así que el pelotón; apuntó  de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo mismo. Los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a  casa y se convirtió, recibió  los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera mi madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre Pío: ¡la conversión de su marido!

El Padre Pío se estableció definitivamente en el convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, hasta el 23 de septiembre de 1968, cuando murió con olor a santidad, su cuerpo también fue preservado incorrupto de forma extraordinaria hasta el día de hoy.

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Casi 92 años más tarde, el 16 de junio de 2002, Juan Pablo II canonizó ‘al simple fraile que reza’. Su beatificación tuvo la mayor asistencia en la historia, la plaza de San Pedro y sus alrededores no fueron capaces de contener a la multitud que asistió a su beatificación.


Fuente: Foros de la Virgen, Padre Pio



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