Jesucristo, Rey de Reyes.


Vigilad, porque ignoráis a qué hora vendrá el Señor.

Porque tened en cuenta que todos tenéis que morir. Todos los hombres que han nacido deben morir. Y esta muerte y el subsiguiente juicio son una venida individual del Mesías, que se verá repetida universalmente cuando venga el Hijo del hombre con toda solemnidad.

¿Cuál será la ventura de aquel siervo fiel y prudente, que recibió encargo de su patrón de alimentar a los demás de su casa, cuando esté ausente?

Suerte feliz le cabrá si su patrón, al regresar de improviso, le encuentra cumpliendo su deber con diligencia, justicia y amor. En verdad os digo que le dirá: «Ven siervo y fiel. Te has hecho merecedor de mi recompensa. Administra todos mis bienes».

Mas si parecía bueno y fiel, pero no lo era y en su interior era realmente malo, y solo aparentemente bueno, y una vez que hubo partido su patrón dijo dentro de sí: «Mi patrón va a tardar. ¡Entreguémonos a la buena vida!».

Y empieza a golpear, a maltratar a sus compañeros de servicio, y a sacar ganancia en perjuicio de la comida de éstos y de todas las otras cosas para tener más dinero para gastar con los sibaritas y borrachos, ¿qué sucederá? Sucederá que el dueño regresará de improviso, y el mal siervo será descubierto, se le quitará el puesto, el dinero, se le arrojará a donde la justicia ordene, y allí se quedará.

Lo mismo pasa con el pecador impenitente que no piensa en que la muerte pueda estar cercana, y cercano su juicio, y se entrega a los placeres diciendo: «Más adelante me arrepentiré».

En verdad os digo que no tendrá tiempo de hacerlo y será condenado a estar eternamente en el lugar de inimaginable horror, donde sólo resuenan las blasfemias, el llanto, la tortura, y saldrá de él solo para el Juicio Final.

Para el Juicio Final se revestirá de la carne resucitada, y con cuerpo y alma se presentará ante el Juez Jesús, a quien no quiso por Salvador.

Todos allí, estarán de pie ante el Hijo del hombre. Una inmensa multitud de cuerpos restituidos por la tierra y el mar y recompuestos tras haber sido ceniza durante mucho tiempo.

A cada carne, ya de nuevo en los esqueletos, le corresponderá su propio espíritu, el que en su tiempo la animó.

Y estarán derechos ante el Hijo del hombre, resplandeciente en su majestad divina, sentado en el trono de su gloria, rodeado de sus ángeles.

Y Él separará a los hombres poniendo en una parte a los buenos, y en la otra a los malos, como un pastor separa ovejas y cabritos, y pondrá a su derecha a sus ovejas, y a los cabros a su izquierda.

Y dirá, con voz dulce y benigno aspecto, a aquellos que, tranquilos y hermosos, con la belleza gloriosa de su cuerpo santo esplendoroso, le mirarán con todo el amor de sus corazones:

«Venid benditos de mi Padre, a tomar posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; anduve peregrino y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; prisionero y fuisteis a llevarme consuelo».

Y los justos preguntarán: «Pero, ¿cuándo, Señor, te vimos con hambre y te dimos de comer; con sed y te dimos de beber? ¿Cuándo fue que te vimos peregrino y te acogimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo y encarcelado y fuimos a visitarte?».

El Rey de reyes les responderá: «En verdad os digo que cuando hicisteis una de estas cosas con uno de éstos, los más pequeñuelos de mis hermanos, me lo hicisteis a Mí».

Y luego se volverá a los que están a su izquierda y les dirá, con rostro severo y con ojos tan fijos que parecerán que de ellos salieran saetas, con una voz en la que resonará como un trueno la ira de Dios:

«¡Fuera de aquí! ¡Apartaos de Mí, malditos! Idos al fuego eterno que la ira de Dios preparó para el demonio y sus ángeles tenebrosos, y para los que de ellos han escuchado las voces de la triple libídine.

Yo tuve hambre y no me disteis de comer; sed y no me disteis de beber; estuve desnudo y no me vestisteis; fui peregrino y me rechazasteis; estuve enfermo, encarcelado y no me visitasteis. Porque teníais una sola ley: el placer de vuestro yo».

Y ellos le contestarán: «¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, peregrino, enfermo, encarcelado? Nosotros en realidad no te conocimos; no vivíamos cuando Tú estabas en la Tierra».

Él les replicará: «Es verdad. No me conocisteis, porque cuando viví en la Tierra, no estabais. Pero conocisteis mi palabra y tuvisteis a pobres entre vosotros, a hambrientos, a sedientos, a desnudos, a enfermos, a encarcelados.

¿Por qué no les hicisteis lo que tal vez me hubierais hecho a Mí? Porque, ciertamente, no se puede decir que aquellos, con quienes conviví, fueron compasivos conmigo, el Hijo del hombre.

¿No sabéis que estoy en mis hermanos, y que donde haya uno de ellos que sufría, allí estoy Yo, y que lo que no hicisteis con uno de estos hermanos míos pequeños me lo negasteis a Mí, Primogénito de los hombres?

Idos y quemaos en vuestro egoísmo. Idos y que os envuelvan las tinieblas y el hielo porque tinieblas y hielo fuisteis, a pesar de saber dónde estaban la Luz y el Fuego del Amor».

Y éstos se irán al suplicio eterno, mientras los justos entrarán en la vida inmortal.


Fuente: Obra de Maria Valtorta


 


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