Eugenia von der Leyen

La Princesa Eugenia, de la dinastía alemana de los von der Leyen, por vía materna, poseyó un carisma del todo particular; gracias a una especial permisión de la Divina Providencia tuvo, desde 1921 hasta 1929, contacto con las Almas del Purgatorio. El Padre Sebastián Wieser, su Director Espiritual, dejó escrito:

Conocí a la vidente los últimos 12 años de su vida y estuve al tanto día a día de sus experiencias y encuentros con las apariciones…

La vidente llevó una vida santa… su caridad no conocía límites, lista para ayudar en cualquier momento y pronta a cualquier sacrificio. Todos los que la conocieron le tuvieron un gran respeto y veneración… Querida de Dios y de los hombres.

En opinión de especialistas, su diario es comparable con otras obras del mismo género, lo que es mejor.

Yo declaro bajo juramento haber exhortado a la Princesa a anotar de manera clara y precisa los hechos reales vividos y, al mismo tiempo, de nunca haberle sugerido de ninguna manera mi propia visión personal de las cosas. Me declaro garante, en todas las formas, de la credibilidad de que es digno el Diario y ruego al lector conservar de la Princesa, quien ahora también descansa en la otra vida y desde luego en la visión bendita de Dios, un agradecido y venerado recuerdo“.

La Iglesia nos enseña que no sólo existe la Iglesia Triunfante en el Cielo y la Iglesia Militante en la tierra, sino también la Iglesia Sufriente, en el Purgatorio.

Algunas citas bíblicas que avalan la doctrina del purgatorio son:
– Mateo, capítulo 5 versículo 25.
– Primera Carta a los Corintios, capítulo 3 versículo 13.



Según los planes salvíficos de la Providencia Divina, esta iglesia Sufriente necesita de nuestra ayuda. En el Diario, este mundo sufriente de la Iglesia Purgante es precisamente el que se nos muestra con imágenes inolvidables, implorándonos con conmovedoras palabras y gestos que desgarran el corazón.

El agite emocional que el Diario provoca en nosotros nos llevará a sensibilizarnos por nuestra Iglesia, y nos abrirá los ojos a los indecibles sufrimientos de las Almas del Purgatorio, destinadas por Dios a ser nuestras poderosas intercesoras, siempre que hagamos algo por ellas.

EJEMPLO DE APARICIÓN, LA MONJA.


9 de Agosto (1921). A las 5:00 de la tarde vi en el jardín, entre dos árboles, a una monja. Parecía esperarme. Pensé que se trataba de una vieja amiga y me apresuré a encontrarme con ella. De repente, desapareció sin dejar rastro. Fui a ver si había sido un engaño de la sombra; pero el lugar, el espacio entre los árboles era el mismo, como siempre.

13 de Agosto. La vi venir hacia mí por la carretera que conduce a la Iglesia.

19 de Agosto. La vi caminando justo a mi lado en el jardín. Llevaba el hábito de Mallersdorfer (Franciscanas pobres de la Sagrada Familia).

25 de Agosto. En las escaleras del Oratorio.

30 de Agosto. Me esperaba en la puerta de la casa.

11 de Septiembre. En el jardín.

14 de Septiembre. En el Oratorio. Antes de la Santa Misa vi algo reflejarse en la ventana frente a mí; pensé que la ventana que estaba detrás mío no se había detenido y por eso el movimiento delante de mí, y así me di la vuelta! Estaba justo detrás de mí, vi muy bien su rostro; ojos grandes y negros con una expresión triste, como una persona viva, no pálida, mas totalmente desconocida para mí. Me pareció que aquella figura no tenía brazos. Tuve una horrible sensación porque estaba tan cerca.

17 de Septiembre. Se deslizó hacia mí en el jardín.

19 de Septiembre. Me encontraba jugando a la pelota con el niño y pasó por en medio. Debí haber puesto una cara de susto, porque el pequeño me preguntó qué había visto.

22 de Septiembre. La encontré sentada en la escalera del Oratorio.

2 de Octubre. Estaba recogiendo flores, cuando de repente se puso de pie delante de mi; se veía mas grande. No me atreví a hablar con ella, cuando tuve el valor para hacerlo ya había desaparecido nuevamente.

7 de Octubre. Por desgracia, ahora también en mi habitación. Me desperté con una extraña sensación y encendí la luz: ella estaba junto a mi cama. Tuve un miedo tal que no pude hablarle; me defendí contra ella con agua bendita y, luego de pasar sobre mí, desapareció en la pared. Fue algo tremendo.

11 de Octubre. Cuando iba a dormir a las 10, no pensaba absolutamente en ella, pues estaba algo entretenida, encendí la luz de mi habitación. Ella estaba allí. Pasé delante de ella para ir por el agua bendita, la rocié y le pregunté: “¿Qué quieres de mí?“. Me miró fijamente a los ojos y dijo sin mover la boca: “No envié veinte marcos para las misiones

No podría decir si le hice señas con la cabeza de que yo lo haría o si se lo prometí de palabra, de todos modos se alegró porque al instante se me acercó, creo que quería decirme algo más. Sentí tanto miedo que de inmediato la rocié con agua bendita y se desapareció por la ventana. A pesar del tremendo susto que tuve pude descansar.

Los veinte marcos fueron entregados a las misiones y se celebró la Santa Misa por las pobres almas.

Tuve paz hasta el 3 de Noviembre, día en que tuve una gran alegría. Cuando a las once de la noche me dirigía a la habitación para descansar, vi que estaba iluminada. Pensé que alguien había dejado la luz encendida.

Y ahí estaba la monja en el mismo lugar de la última vez; ¡Qué cambiada estaba!, Salía de ella un resplandor, su vestido negro parecía como hecho de luz. Pero lo más hermoso era la expresión de su rostro. Ciertamente sus ojos ya habían visto al buen Dios. Me miró sonriendo, se veía tan feliz!. Sus manos, que vi por primera vez, estaban cruzadas sobre su pecho. Su rostro era sólo comparable a una piedra preciosa, no puedo encontrar otra expresión. Mi asombro y mi alegría fueron tan enormes que quedé como petrificada y sólo se me ocurrió preguntarle: “¿Cómo te llamas?“.

Solamente hizo la señal de la cruz y desapareció. Quedé en completa oscuridad. La luz no estaba encendida, luego entonces no pudo haber sido una alucinación, pues nada es capaz de producir lo que yo vi y sentí. La aparición me pareció de mayor tamaño que lo habitual, y por primera vez no estaba de pie en el suelo. Esta fue la última aparición de la monja, pero quizás me sirvió de preparación para otras.

OTRO CASO, APARICIÓN DE CATALINA.


12 de Octubre (1923). Mientras estaba sentada en el escritorio, en pleno día, fui rodeada de una espesa niebla y humo inodoro; ya ni podía distinguir las pinturas en las paredes. Luego rocié con agua bendita y todo se esclareció de nuevo.

17 de Octubre. Nuevamente durante el día esa niebla alrededor mío, después la inconfundible sensación de que ahí hay algo.

19 de Octubre. Escuché un grito junto a mí, me desperté sobresaltada. Luego una confusión de ruidos con aquella niebla.

25 de Octubre. Mucho ruido, casi insoportable.

27 de Octubre. Ahora reconozco a una mujer pero todavía algo oscura; es muy inquieta.

28 de Octubre. La mujer es muy horrible, especialmente su boca, toda hinchada y negra. Da la impresión de estar furiosa y amargada; está envuelta en una especie de harapo oscuro.

29 de Octubre. Por la tarde la encontré en la habitación, sus ojos me persiguen; no podía hablar.

30 de Octubre. Apenas desperté se me apareció. Le dije: “Vete, vete, no me molestes“, pero no le importó. Recité Maitines y se fue. Tengo miedo de encontrarla, me repugna. Quizás fui muy dura con ella. ¿Dónde está mi amor al prójimo?.

31 de Octubre. Una noche tremenda: ella vino dos veces y permaneció bastante. Se apoyaba en la pared y me miraba como retándome, tenía una aspecto espantoso. No reaccionaba a nada, sin embargo cuando rezaba se ponía tranquila. Su boca esta horriblemente hinchada y roja; su pelo negro y alborotado.

1 de Noviembre. He tenido que luchar media noche con ella, intentaba acercárseme; por supuesto que para ella no hay impedimentos. La amenacé de no rezar más por ella si continuaba atormentándome y desapareció.

2 de Noviembre. Fue la peor de las noches que he pasado. La figura está hecha una furia; no sabía como defenderme, me escapé de la habitación. Pero debo soportarlo yo sola, no quiero despertar a nadie. Me persiguió hasta la sala, pero me devolví. Traté de rezar, pero muy mal porque estaba tan angustiada por el miedo. Su continuo deseo de acercarse a mí me angustia, no la soporto. Hay algo demasiado horrendo en ella que no soy capaz de describir, ni con la mejor voluntad. Estuvo conmigo desde las once hasta las cinco de la mañana. Tenía mucho miedo.

3 de Noviembre. No vino sino hasta las cinco de la mañana, por eso pude pasar la noche un poco más tranquila. Inmediatamente me puse a rezar con ella, sin mirarla; de un momento a otro puso su cabeza junto a la mía y escuché un murmullo sin poder entender. Le dije: “Si quieres que rece por ti mantente alejada, no puedo soportar tu cercanía“. Comenzó a gritar y desapareció. Ahora me siento muy mal porque ciertamente no estuvo para nada bien.

4 de Noviembre. Estoy muy contenta; ella ha vuelto y me ha perdonado. Intentó mover sus horribles labios para hablar, pero no le entendí nada. Le dije: “Si de veras puedo ayudarte dame una señal y ven a despertarme a las cinco de la tarde, después haré todo lo que pueda por ti“. Luego dormí muy bien. A las cinco en punto escuché un grito, ella me estaba esperando. He estado tan feliz por esto. Estoy nuevamente dispuesta a soportarlo todo.

5 de Octubre. Una noche muy difícil. Estaba toda gigantesca y muy inquieta. Le he hecho muchas preguntas pero no me ha respondido nada. Súbitamente se me lanzó y me murmuró algo al oído que no pude entender. Cuando le pregunté algo comenzó a llorar de una manera tal que me partió el corazón: le prometí muchas cosas y se fue.

6 de Octubre. Vino a mi habitación mientras sonaban las campanas para Vísperas. Se acercó al frasco de agua bendita y allí esperó. La rocié y se fue, pero regresó por la noche. Ahora está mucho más clara y ya no siento tanto miedo. He notado que renunciando a mi voluntad puedo ayudarla. Este día se ha portado más amable, ahora está más atenta a todo.

7 de Noviembre. La desconocida se me acercó y me susurró algo al oído pero desafortunadamente no pude entender nada. Ahora puedo ver su vestido: sus trajes de jinete son de finales del siglo XVI. He perdido aquella tremenda angustia. No sé cómo es que puedo darme cuenta de cuándo un espíritu se me acerca. Incluso, al despertar en la oscuridad y sin escuchar el más mínimo ruido, sé con certeza que ya no estoy sola. Hasta ahora no me he equivocado.

8 de Noviembre. Se quedó toda la noche conmigo, absolutamente tranquila. Inventé una oración que ciertamente iba muy bien con ella. Sus ojos se han vuelto más simpáticos. No me atrevo aún a retomar el sueño en su presencia.

10 de Noviembre. Nuevamente me ha susurrado algo al oído, tal vez: “Sin paz“, pero no estoy segura. Le pregunté pero sacudió la cabeza con gran tristeza.

12 de Noviembre. Finalmente pudo hablar. Se llama Catalina. Permaneció en silencio; luego no dejaba de repetir: “¡Sin paz! sin paz!“, corriendo por todo el cuarto. No decía más nada. Espero poder escucharle algo más.

13 de Noviembre. Catalina estuvo conmigo largo rato. Comencé distintas oraciones para ver cuál de ellas le agradaba. Pero continuaba sacudiendo la cabeza, hasta que empecé la oración que le había agradado la vez pasada. Se arrodilló junto a mí, despertándome una sensación bien particular, porque fue la primera vez que un alma hace eso. Entonces le pregunté: “¿Viviste en este castillo?“. Ella: ““. Yo: “¿Estás sepultada aquí?“. Ella: “¡No!“. A las demás preguntas se mantuvo en silencio.

14 de Noviembre. He experimentado algo del todo particular. Estaba muy cansada y tuve la mala intención de no ir a la Iglesia. He aquí que soñé con una pobre mujer que no dejaba de mendigar y yo no le daba nada. Me desperté asustada y me encontré a Catalina junto a mi cama con las manos extendidas, como mendigando una limosna. Yo le dije: “Gracias por haberme despertado: ¿Cómo has podido conocer mis pensamientos?“. Ella: “Yo estoy atada a ti“. Yo: “¿Y de qué forma?“. No respondió. Ella: “¿Harás sacrificios aún?“. Yo: “Sí, ¿Qué más debo hacer por ti?“. Ella: “¡Dame la paz!“. Yo: “¿Y cómo puedo hacerlo?“. Ella: “¡Con el amor!“. Pobrecilla, ahora sólo quiero ocuparme de ella.

15 de Octubre. Ella estuvo aquí bastante tiempo sin hablar. Si no tuviese la boca así de horrible no me impresionaría tanto. Espero que se vuelva un poco más comunicativa.

16 de Noviembre. Catalina vino a la una de la madrugada. Recé bastante con ella y luego le pregunté: “¿Puedes decirme qué tienes en la boca?“. Ella: “¿Ves esto?“. Yo: “Sí, pero dime, ¿Por qué sufres de semejante manera en tu boca?“. Ella: “¡Yo siempre provoqué divisiones entre la gente!“. Entonces empezó a llorar desesperadamente. Yo: “¡Me causas tanta pena!, ¿Debes sufrir mucho todavía?“. Ella: “¡Tengo!“. Yo: “¿Te ayudo cuando vienes a mí?“. Ella: “¡Sí!“. Yo: “¿Y cómo?“. Ella: “¡Paz!“. Yo: “¡Explícate mejor!“. Ella: “¡Tú me das paz!“. Yo: “¿Pero cómo puedo hacerlo?“. Al instante se me acercó y me susurró algo al oído, que no pude entender, y desapareció.

17 de Noviembre. Ahora viene a verme en otras habitaciones. Se me ha presentado nueve veces.

20 de Noviembre. Catalina se estuvo casi toda la noche aquí conmigo, siempre tranquila; permanece así sólo en esta habiración. Henrique también vino, tiene un aspecto horrendo, lo reconozco muy bien. No tiene paz, y suspira con mucha angustia. Le pregunté a Catalina: “¿Ves a la pobre alma que está aquí contigo?“. Ella: “No“. Yo: “¿Y por qué no?“. Ella: “Porque estoy unida sólo a ti“. Y añadió otras cosas más que no entendí. Yo: “¿Vendrás a verme con frecuencia?“. Ella: “Si puedo“. Yo: “¿Quién te lo permite?“. Ella: “¡La Misericordia!“. Luego desapareció.

21 de Noviembre. Henrique estuvo aquí bastante tiempo y me mira como irritado. Empieza a lamentarse. Catalina vino por la mañana, me alegré mucho de no estar a solas con Henrique. Ella comenzó la oración por sí sola, tan agradable, me conmovió tanto que tuve que llorar. Me siento tan arrepentida de seguir pensando en mí misma. Henrique permanecía allí de pie. La diferencia entre los dos es tan grande, como el día y la noche, como la ira y la dulzura. Catalina está totalmente cambiada. Le pregunté: “¿Ahora estás mejor?“. Ella: “¡Veo la luz!“. Yo: “¿Entonces puedo dedicarme por completo a las otras almas?“. Ella: “¡No me abandones todavía!“. Luego desaparecieron los dos.

22 de Noviembre. He notado un cambio en la boca de Catalina, a veces sonríe. Le pregunté: “¿Cuándo moriste?“. Ella: “Hornung 1680“. Yo: “¿Dónde estás sepultada?“. Ella: “En Kempten“. Yo: “¿Por qué tu alma está aquí?“. Ella: “¡Aquí provoqué discordia!“. Yo: “¿Conoces quizás a Bárbara?“. Ella: ““. Yo: “¡Por favor, cuéntame un poco más!“, pero desapareció.

30 de Noviembre. Catalina ya me esperaba en la habitación cuando me dirigía a dormir. Recité Vísperas con ella. Le dije: “¿Por qué has estado tanto tiempo sin venir?“. Ella: “¡Yo estaba cerca de tí!“. Yo: “¿Por qué no te he visto?“. Ella: “Me has dado mucho, mira aquí“, y me señaló su boca, de la que había desaparecido todo aquel horror. ¡No puedo describir cuánto gozo sentí!. Yo: “¡Ahora no tienes que sufrir tanto!“. Ella: “¡No!“. Yo: “Dime, ¿Cuándo te ayudo más?“. Ella: “¡Cuando no pecas!“. Yo: “¡Desgraciadamente todavía no soy capaz!“. Me susurró algo al oído que no pude entender!, tal vez una palabra como: “unión” o “buena intención“. Luego desapareció.

3 de Diciembre. Primero llegó Henrique, luego Catalina. Le pregunté: “¿Puedes ver a aquel otro espíritu?“. Ella: “¡No!“. Yo: “¿Por qué no lo puedes ver?“. Ella: “Yo sólo estoy involucrada contigo“. Yo: “¡Por favor, dime si es un mal espíritu!“. Ella: “¡Salvado!“. He rezado con él por largo rato. Henrique se estuvo quieto, sin embargo todavía es repugnante.

5 de Diciembre. Ha venido sólo Catalina. Yo: “¿Puedes orar por mí?“. Ella: ““. Yo: “¿Puedes rogar para que las pobres almas no venga más a mí?, porque así también podría conseguir mi paz“. Ella: “¡No!“. Yo: “¿Por qué no?“. Ella: “¡Es voluntad de Dios!“. Ya no debo pensar más en mí misma; estas palabras me golpearon, como una orden de Dios. Luego le mostré la reliquia de la Santa Cruz, le pregunté: “¿Conoces esto?“. Ella: “¡Sí!“. Yo: “¿Qué es?“. Ella: “¡SANTO!“.

7 de Diciembre. Mi querida Catalina se quedó bastante tiempo. Yo: “Pero dime, ¿Por qué debes permanecer tanto tiempo en el Purgatorio?, haz hecho muchísimo mal con la lengua?“. Ella: “¡Sí, sin confesarme, sin arrepentirme!“. Yo: “¿Pero entonces cómo te salvaste?“. Ella: “¡Limosna!“. Yo: “¿Por qué moriste sin sacramentos?“. Ella: “¡Ahogada!“. Yo: “¿Qué puede hacer aún por ti?“. Me susurró nuevamente algo al oído: “Participación en el Cuerpo de Cristo“, pero no puedo afirmarlo con seguridad, sólo entendí de seguro: “Participación… de Cristo“, luego se fue.

11 de Diciembre. Por la noche estuvo aquí Catalina, muy amable. Yo: “¿No me puedes contar algo del más allá?“. Ella: “¡No!“. Yo: “¿No te es permitido?“. Ella: “¡CREE!“. Yo: “¿Es como tú creíste?“. Ella: ‘Sí“. Yo: “Ahora dime: ¿Por qué no te veo cuando estoy mal?“. Ella: “Porque no tendrías fuerza alguna“.

16 de Diciembre. Catalina se quedó un buen rato; mientras recitaba las oraciones que le eran tan queridas, se arrodilló, luego dijo: “¡Te lo agradezco!“. Yo: “Te ves totalmente distinta, ¿No debes expiar más?“. Ella: “¡Empieza el gozo para mí!”. Yo: “¿No vendrás más?“. Ella: “No“. Luego se me acercó y me dijo algo que no entendí, como en un idioma distinto. Desapareció. Estoy casi triste porque no volveré a verla nunca más.


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