El Caso de Marta

El caso siguiente fue dado por Dios a los hombres como un signo de alerta ante las artimañas del diablo. Tal como se explica en el mismo exorcismo, esta posesión tan larga constituye una llamada de atención a los hombres sobre la batalla que todos los días se desarrolla en el mundo espiritual entre ángeles y demonios en su constante lucha por las almas humanas.

Es por consiguiente un caso-signo que Dios ha concedido a la humanidad para que tome conciencia de la posibilidad de quedar infectado por estos espíritus malignos que sólo buscan la condenación del mayor número de almas posibles. Lo publicamos sin ánimo de lucro para contribuir a la concienciación tanto de creyentes como de no creyentes.

Sesión del 22 de marzo

Marta tenía cuatro demonios. Perversión, Belcebú, Lucifer y Satán. Durante todo el rato resistieron con verdadera fortaleza. El demonio que respondía al nombre de Perversión hubiera cedido y salido, pero los demonios superiores no le dejaban.

Belcebú hablaba con un tono distinto de los escuchados hasta el momento en las sesiones. Un tono en el que dejaba claro que ni contestaba ni pensaba contestar.

Y efectivamente no lo hizo en las tres horas siguientes. Ni una respuesta. Sólo frases breves como : ¡¡Eres tonto!!, cuando le preguntaba algo. O “quita esa mierda de encima” cuando le ponía algo sagrado sobre su cuerpo.

Los rosarios continuaban, lo mismo que las letanías e invocaciones a San Miguel, San Jorge y la Santísima Virgen, pero ningún demonio obedecía ni contestaba. Me dirigí a Perversión, el demonio más débil, y le pregunté si se quería ir. Me dijo que sí, pero volvió a insistir en que no le dejaban salir de aquel cuerpo.

Entonces dijo: el primero y el último. Enseguida supe qué significaba. Para que se fuera el último demonio, el más débil, había que exorcizar al primero. Exorcizarlo por su nombre y ordenarle que le dejara marchar. En el nombre de Jesús quebranto tu poder; deja marchar a Perversión, repetí yo una y otra vez.

Perversión había dicho en un momento de aquella sesión que los dos últimos demonios se marcharían a la vez. Es decir, que saldrían él mismo y Belcebú simultáneamente. Como por la tarde no tenía que decir misa, pues venía otro cura a decirla, celebré misa allí mientras rezaban en voz baja el rosario. Le di a tomar el vino consagrado por intinción.

Ya era casi la hora de marchar y la cosa no acababa. Ni acababa ni el demonio daba signo de estar a punto de ceder. Así que dije, tenemos que dejarlo por la hora.

A todos los que había venido les expliqué que aquello no suponía una derrota por nuestra parte, que los demonios habían sido debilitados y si no salían en una próxima sesión, saldrían en dos o tres sesiones más.

Pero cuando estaba vaciando en la entrada de los salones parroquiales, el contenido del hisopo en la pila del agua bendita, un terrible bramido resonó del interior de la capilla. La posesa rugió con una fuerza tal como no lo había hecho durante las tres horas anteriores.

Yo en ese momento no lo sabía, lo deduje después, pero alguno de los santos que habíamos invocado había venido y estaba obligándole a salir. La posesa sola, sin que nadie hiciera nada, comenzó a gritar y a gritar.

Así que al ver claramente que se estaba desarrollando una lucha invisible, nos pusimos a orar para debilitar al demonio y ayudar así en ese combate. Al cabo de diez minutos salieron los dos demonios: Perversión y Belcebú, a la vez, tal como se había predicho a mitad de la sesión.

Como anécdota, la madre me comentó que en uno de los pasados días, estaba viendo la televisión y al ver las noticias de la guerra de Irak se le ocurrió rezar un padrenuestro por el alma de Sadam Hussein.

Al hacer aquello el demonio al momento se puso como loco, gritando fuera de sí. A lo largo de aquella mañana, en medio de aquella sesión de varias horas, hacia el final, se me ocurrió que podía yo también hacer la prueba, y efectivamente, fue decir a lo chicos que estaban allí ayudándome que íbamos a rezar un padrenuestro por el alma de esa persona, y de pronto la posesa estalló en una verdadera tempestad de ira y furia.

Seguí rezando el padrenuestro, y el demonio comenzó a gritar con rabia e impotencia: ¡¡ES MÍO!! Repetía eso una y otra vez, ordenándonos que nos calláramos.

El espectáculo de odio, de convulsiones, de gritos era impresionante. Todo el asunto puede aparecer muy anecdótico, pero personalmente para mí tuvo enseñanzas espirituales muy importantes. Pues ante semejante escena saqué dos conclusiones muy claras.

La primera es que así como la posesión demoníaca afecta al cuerpo, así también hay personas que tienen el alma como poseída por el demonio.

Ciertamente el alma no puede ser poseída, siempre es libre, pero el alma se puede cargar de tantas ataduras, de tantas cadenas, que al final sea un juguete en manos del Maligno. Es decir, una voluntad débil y maniatada por las bajas pasiones arrastrada a merced del viento de la tentación.

Por eso repetía: es mío. Frente a eso, nosotros los cristianos tenemos un Dominus, un Señor.

La segunda enseñanza es que nunca me hubiera imaginado que un simple padrenuestro pudiera descomponer tanto al demonio. Que una oración tan sencilla, tan breve le infundiera tanto temor de que pudiera perder la presa tanto tiempo perseguida.

Y comprendí que tenía razón. Pues una oración, una sola, supone que Dios le enviará sin duda una gracia a su alma. Y una sola gracia puede provocar un arrepentimiento que le eche a perder al demonio una presa atada durante muchos decenios.

Un padrenuestro podía destruir el trabajo del demonio durante años en una persona. El demonio temía con razón.

Así que entendí que de la misma manera que en ese momento había una guerra material -la de Irak- también hay una guerra espiritual. Una guerra espiritual que se combate con armas espirituales.

No somos conscientes del poder que poseemos. No sabemos hasta que punto una oración, una sóla, puede cambiar a alguien en un puesto estratégico, que a su vez puede cambiar todo.

Es a la luz de esta escena cuando uno ve el poder de ese flujo invisible que emerge de los cientos de monasterios repartidos de un confín al otro del mundo. Son una continua fuente de bendiciones.

En silencio, desde la oscuridad, ellos cambian la historia. Por eso, por esta enseñanza, pensé que era bueno contar esta anécdota.

Satán dijo también, a través de la posesa, que lo que buscaba con la guerra era crear destrucción y sufrimiento.

LEER EL EXORCISMO DE MARTA


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